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June 12, 2017
by Javier Salazar Loyola

No coffee for old men

Llegué a mi casa, agotado tras la jornada, con la idea en la cabeza de tomar café. Pasé a la cocina y pude constatar que quedaba preparado en la cafetera, tan solo faltaba calentarlo. Por esto es que enchufé y prendí el adminículo doméstico y pasé a hacer trámites que el pudor no permite mencionar en el lugar más noble de una casa, también conocido como baño.

Mientras me entregaba a tareas que no detallaré, podía escuchar a mis hermanos gritándose desde las piezas y retándose por quién sabe qué tristes rencillas sin importancia, y cuando salí, fui a buscar el ansiado café. La cafetera estaba desenchufada. Grité con rabia a mis hermanos respecto de su estúpida manía de gritarse durante toda la tarde y su incapacidad para pronunciar cuatro míseras palabras para preguntar: “¿estás usando la cafetera?”. Acto seguido, enchufé de nuevo la cafetera, con ya bastante rabia, pero sabiendo que no habría de esperar más que solo unos minutos a que se calentara. La esperanza seguía en pie.

Grande fue mi desilusión al descubrir que estos seres desenchufaron la cafetera para poner el hervidor eléctrico.

No hay final feliz para esta historia, pero sí una valiosa lección: mis hermanos no desenchufan nunca nada que no se esté usando (cuántas veces no he encontrado cargadores de celulares enchufados, sin celulares que cargar conectados), salvo por la cafetera. Pero ellos nunca tienen idea de cuándo no se está usando la cafetera, solo lo asumen. La vida apesta.

Adivinen quién está con síndrome de abstinencia y detestando todo lo que le rodea.

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June 2, 2017
by Javier Salazar Loyola

Ironías

Como ya es de conocimiento público, ocurre que la vida y yo nos llevamos mal. Ella me odia y yo la odio. Esto nos ha llevado a un conflicto que aún dura y ya lleva 31 años. Ella se empeña en que todo salga mal y yo me empeño en seguir vivo y el ciclo se perpetúa. Pero a veces, nos gastamos bromas que nos permiten tener pequeñas victorias. Por ejemplo, tengo mis pequeños momentos de felicidad cuando prendo mi computador y me pongo a jugar algo que me apasione. Y ella se encarga de destruir eso haciendo que todo me salga mal, destruyendo mis partidas gracias a mis manos torpes o nula coordinación mano-ojo.

Su última victoria ha sido en mi búsqueda de trabajo. Tras mucho buscar, finalmente di con algo de acuerdo a mis capacidades y cosas que me interesan y gustan. Al fin algo bueno que me sale en ese aspecto. Y esta cretina no encuentra nada mejor que lograr que este trabajo sea precisamente en el área que más odio de la ingeniería, la industrial, convirtiéndome en un trabajador de las áreas que me negué siempre a visitar y que siempre hice de mala gana.

Al final, esto sigue en un empate y ella se ríe en mi cara del hecho de que, a pesar de todo, no puedo ni quiero quejarme de su última victoria.

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